viernes, 6 de julio de 2007

Carmen y Luis





LUNA HERIDA

Esas pestañas convertidas en flecos
blancos como el campanario,
donde las cigüeñas anidan
y mi corazón se dispara en algarabías
al sonido de su música latiente...
Tropezando con mi rostro en el espejo,
añoro aquellos amaneceres
cuando la seda de tus cabellos
eran caricia y duende en mi almohada.
Y fue en la vertiente de un rojo atardecer
cuando el dolor dio la cara,
y los suspiros aullaban la eternidad.
Nosotros rompimos la noche,
herimos de muerte a la luna con puñales azabache.
El cielo no lanzó ningún gemido
cuando vio moribundas las estrellas...


Carmen


¿Comprendes lo que digo?

Mañana, cuando encuentres la manera
de agarrarte a la vida,
a esta vida de peces que resbalan
su memoria en peceras de silencio,
deshoja esta ilusión inesperada
que agarrota mis dedos,
esta ilusión tan mía, y que me diste
cuando andabas descalzo de palabras.
Puede que te haga falta;
a veces necesitan los humanos
un poco de ese instinto que ahora tienes,
y que se va perdiendo,
como pierde un reloj, sin darse cuenta,
sus pétalos de tiempo.
No sé como decirte sin el riesgo
de parecer un loco,
que hay cielos y tormentas en los ojos,
que hay mundos que te acechan escondidos
tras la piel de tus manos,
yo tuve que rendirme a la conquista,
y soy esclavo de lo que me han dado.

¿Comprendes lo que digo?

Yo sé que las palabras son el aire
traducido en la boca,
y que nacen detrás de la mirada
solitaria y fugaz del sentimiento.
Por eso ¡sé que puedes!
sujeta el diccionario de mi beso
y dime que comprendes,
aunque llores,
aunque rompas tu voz evanescente
contra la fortaleza del ombligo,
dime a través de un sueño, si hace falta,
que mi locura ensarte con tu abrazo
la aguja de este amor precipitado.
Recuérdame que tengo que ser fuerte,
y déjame olvidar,
aunque parezca absurdo,
que ya temo perderte... y no has nacido.

Luis Oroz

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